Poliki-Poliki

por Pablo Azcona Molinet

¡¡Cómo me gustan los domingos!!

Me da la sensación de que esta afirmación es un síntoma inequívoco de que ya no soy tan joven. No hace tanto tiempo (y aún me pasa de vez en cuando), esos  domingos eran sinónimo de una especie de “depresión post-juerga”, que normalmente iba acompañada de la típica resaca que dejan las salidas nocturnas.

Eran domingos en los que despertabas al mediodía por la imperiosa necesidad de llenar ese gran agujero en el que se había convertido tu estómago. Esos domingos en los que, ya a la tarde, comentabas con tus amigos los detalles más graciosos de la noche anterior; que si “te acuerdas de cuando esto”, que si “fíjate lo que hizo éste”, que “qué risa cuando lo otro”... Tardes de domingo que eran la antesala evidente de la llegada de ese oscuro túnel en el que se convertía la entrada en la nueva semana. ¡¡Bufff!! Quedaba un mundo para un nuevo finde.

En aquella época (ya he dicho que no hace tanto), era impensable para mí perdonar la salida de un solo sábado. Recuerdo perfectamente cuando veía a mis hermanos mayores quedarse en casa sin problema. Entonces no lo podía entender; “tampoco son tan mayores”, pensaba yo.

Ahora que han pasado unos años y ya tengo la edad de mis hermanos entonces, me he parado a pensar y he comprendido por qué conseguían quedarse en casa. Está claro: ¡les gustaban los domingos! Lo he descubierto ahora que a mí me pasa lo mismo. No tengo duda: a mí también me gustan los domingos.

Los domingos en los que para las ocho y media estoy en pie, me dirijo directamente hacia la ventana y miro. “Bien, no llueve, se puede salir con la bici”. Me tomo un buen desayuno, café bien cargado y varias piezas de fruta. “Parece que hace frío”; hay que coger la ropa adecuada. Importante: cabeza, manos y pies tienen que estar calientes; camiseta térmica,  maillot de invierno y culote largo. La ropa de ciclismo de ahora no tiene nada que ver con la que utilizábamos de cadete y juvenil (es que han pasado 18 años). ¡Las nuevas telas sintéticas son la bomba!

Una vez equipado, cojo algo de comida. Pienso: “La etapa de hoy no es muy larga, 85 km, pero tiene sus repechos así que mejor llevar avituallamiento por lo que pueda pasar”. Un plátano, dos barritas y un gel (esto último por si se me enciende la reserva). Son las nueve y veinticinco cuando salgo por la puerta de casa; me dirijo al lugar de la salida oficial del Club Ciclista de Lodosa. Estoy muy cerca, así que rápidamente veo que estamos un buen grupo: 19 ciclistas dispuestos a pasar juntos una buena mañana de domingo. Salimos a la nueve y media con total puntualidad: Lodosa, Mendavia, Lazagurría, Los Arcos, Urbiola, Arróniz, Allo, Lerín, Cárcar y otra vez Lodosa.

¡¡Qué a gusto se queda uno!! Y ya no os cuento cómo me sienta el pimiento relleno y la caña con limón que me tomo después en el bar Lodosa, mientras echamos una hablada de los detalles de la mañana. Ya de vuelta en casa, una buena ducha (las piernas siempre con agua bien fría para que descansen). Salgo de la ducha y… ¡ya tengo plan para la tarde del domingo! Mi hija y mi pareja me reclaman con razón. Eso sí, primero toda la familia echaremos una reconfortante siesta.

Siempre me han gustado los sábados, y así seguirá siendo. Pero misteriosamente puedo decir: ¡Cómo me gustan los domingos!

Igual tiene que ver con la edad. ¿O qué?

Volvernos a juntar…

La vida nos va llevando por caminos separados, algunas veces hasta nos lleva por caminos encontrados, por eso es interesante hacer una parada de vez en cuando y volvernos a juntar. Sin duda merece la pena, así nos damos cuenta que, al fin y al cabo, tampoco estamos tan lejos,

¿No os parece?

Estos días seguro que tenemos la oportunidad de hacer una de esas paradas.

Zorionak y felices días.

homenaje

El sábado se rindió un homenaje en Lodosa a Manolo “El Gitano”, hombre entrañable, querido y reconocido por su prodigiosa voz, la cual se puede oír en cualquier evento o celebración de nuestro pueblo.

No es necesario entrar a explicar lo merecido del homenaje, ni a reconocer cómo se volcó Lodosa en la preparación del mismo.

Me he puesto a escribir sobre este asunto porque desde que el sábado a la tarde estuvimos en el auditorio de la Casa de Cultura, tengo grabada en mi retina una imagen del acto. Puedo asegurar casi con total seguridad que no olvidaré esa imagen.

Sucedió cuando Manolo subió al escenario para recibir un caluroso aplauso, momentos antes de hacerle entrega de una placa. En mi condición de alcalde, tuve la suerte de ser la persona encargada de hacerle entrega de ese pequeño recuerdo. Me acerqué, nos dimos la mano, le eché mi brazo por encima de su hombro, y me dispuse a decirle unas palabras. Es ahí donde tuvo lugar el momento por el que ahora estoy escribiendo esto.

Nos miramos, y vi a un hombre de 88 años, que, seguramente, en las dos horas transcurridas del acto había repasado interiormente toda su vida. Vi a un hombre nervioso, muy emocionado y que rebosaba agradecimiento. Pero también transmitía un poco de sorpresa. Yo creo que en ese momento seguía preguntándose, (como lo había hecho durante los días anteriores), ¿y por qué a mí? Si yo solo he hecho lo que a mí me gusta…”.

En resumen: lo que vi fue a un abuelo entrañable, que bien podía haber sido mi abuelo, porque también me recordó a él. Y en ese momento me di cuenta de que no estaría de más que todos hiciésemos un homenaje a nuestros abuelos y abuelas. Porque saber vivir la vida y hacerlo con plenitud  y dignidad bien vale un buen homenaje.

Las personas mayores, desgraciadamente, se acostumbran a que no se les haga todo el caso que merecen, y aprenden a vivir su soledad aunque estén rodeados de familiares. Por eso, no hay un ser humano más agradecido que un abuelo o una abuela cuando se le presta un tiempo de atención, por pequeño que sea. Y más si se trata de un homenaje popular.

Normalmente somos conscientes de estas cosas cuando ya es demasiado tarde. Yo ya no tengo abuelos, pero cosas como las del sábado me hacen recordarlos.

Si todavía estáis a tiempo, hacedles un pequeño homenaje a vuestras personas mayores de vez en cuando, y recibiréis la sonrisa más tierna que podáis imaginar.

Por cierto, después de mirarnos, le pregunté a Manolo: “¿Qué tal estás, Manolo?”. Y él me contestó: “Jodido pero contento”.

En fin… Todo un artista.

poliki, poliki

Poliki, poliki”… una expresión que todos reconocemos, y que muchos hemos utilizado alguna vez cuando queremos poner un poco de calma y reflexión a cosas que consideramos importantes. Un amigo mío la utilizaba hace poco en una conversación y se me debió de quedar grabada en mi subconsciente, cada día más acostumbrado a compartir muchos temas distintos en él. Debió de ser así, porque por la noche, en una de estas veces que te despiertas -a mí me suele ocurrir sobre las cinco de la mañana- “Poliki Poliki” seguía rondando en mi cabeza.

Es en esos desvelos de la noche cuando parece que tu cabeza está más lúcida y oportuna que en cualquier otro momento del día. Me ha pasado despertarme pensando en algo concreto y levantarme de la cama con el único propósito de escribir todas las ideas y reflexiones que en ese momento estoy haciendo. Y en verdad que suelen ser acertadas.

Bueno, pues como decía, hace unos días me desvelé con la expresión “poliki, poliki” en mi cabeza. En nuestra vida tenemos diferentes papeles que jugar: compañero, padre, hijo, amigo, trabajador, uno mismo… En mi caso además, alcalde de mi pueblo  — con todo lo que eso conlleva…​ Y en ese momento me di cuenta de lo oportuna que es poliki poliki como expresión, y lo positivo de su aplicación en todos los ámbitos de nuestra vida diaria.

Poliki Poliki – poco a poco, despacio, con calma- es una actitud que nos permite diferenciar en el día a día lo urgente de lo verdaderamente importante. Así es como entiendo que debemos tomarnos la vida, poco a poco, con tranquilidad, con sosiego y con el espacio y tiempo suficiente para la reflexión.

No es fácil llegar a esta conclusión, y menos en un mundo que te exige inmediatez y respuesta rápida a un sinfín de contratiempos. Nos pasa en el ámbito laboral pero,  cada vez en mayor medida, también se nos exige esta rapidez en nuestro ámbito personal, en nuestras relaciones más cercanas, con todo lo negativo que esto conlleva.

Yo he tomado una decisión, y fue bien meditada en uno de esos desvelos de las cinco de la mañana. Me voy a tomar la vida con tranquilidad. Voy a darle tiempo a mis reflexiones, y así intentaré tomar las mejores decisiones posibles. Entiendo que es bueno para mí y para los que me rodean.

Así que en “Poliki poliki” voy a compartir mis reflexiones con vosotras y vosotros; y, si os apetece, dialogaremos poliki poliki de tú  a tú  ayudados de este blog. La vida me ha ido mejor cuando me he tomado las cosas importantes poliki poliki. Te lo recomiendo.