Poliki-Poliki

por Pablo Azcona Molinet

Por una visión integral de la memoria

Aquí os acerco el discurso íntegro que en calidad de presidente de la Federación Navarra de Municipios y Concejos pronuncié el sábado 18 de febrero durante el reconocimiento a las víctimas por actos de motivación política provocados por grupos de extrema derecha o funcionarios públicos que, organizado desde el Gobierno de Navarra, tuvo lugar al medio día en el claustro del Departamento de Cultura, Deporte y Juventud.

Estimadas presidentas del Gobierno y del Parlamento de Navarra, amigos, amigas:

Buenos días, egun on.

Es una obligación moral, y a la vez un honor, participar en este acto en el que las instituciones de Navarra RECONOCEMOS públicamente la condición de víctimas de quienes sufrieron, en las últimas décadas, la violencia de los grupos de extrema derecha o de funcionarios públicos. VICTIMAS que han tenido que cargar además durante tanto tiempo con el olvido institucional, cuando no con el estigma de la culpabilidad misma.

Desde mi condición de alcalde y presidente de la Federación Navarra de Municipios y Concejos, siento el deber de compartir con las otras instituciones políticas de nuestra Comunidad este gesto hacia quienes hoy estáis aquí presentes, y a hacia quienes de forma simbólica representáis.

Como ser humano, me siento aludido por valores como la justicia y la solidaridad, valores que presiden, sin duda, este acto. Es una obligación ética para cualquier persona manifestar su solidaridad con aquellos que han sufrido la violencia de sus semejantes.

Desde mi humilde condición de alcalde, pero también desde la dignidad que comparto con vosotros y vosotras como ser humano, quiero expresaros hoy, pues, mi reconocimiento.

Y quiero pediros también que me permitáis estar cerca de vosotros y que aceptéis mi solidaridad.

La violencia no es compatible con la dignidad humana. Tampoco, o menos aún, la violencia por motivos políticos. Y, sin embargo, el arco temporal de la Memoria de las generaciones que aún hollamos esta tierra refleja constantes actos de violencia de origen político.

Las víctimas del 36, las del franquismo, las de ETA o las de la extrema derecha y de algunos funcionarios públicos han sacudido nuestras conciencias sin descanso a lo largo de ya demasiadas décadas.

Ante ello, procuro aplicar un sentido de integralidad a mis valoraciones y a mis actos, integralidad presidida por los derechos humanos y por valores como la solidaridad, la justicia y el respeto democrático a todas las ideas y todas las sensibilidades.

Y una visión integral de la Memoria condena TODAS las violencias, denuncia TODOS los crímenes y reconoce a TODAS las víctimas. A todas a la vez, sí, pero a cada una de ellas en particular, evitando así compensaciones que deformen nuestra conciencia.

Nada justifica la muerte de un ser humano; nada justifica la violencia; nadie tiene derecho a ejercerla sobre sus semejantes. Los conflictos (personales, sociales o políticos) han de resolverse por cauces pacíficos.

Todo individuo –dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos- tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

La inmensa mayoría de los ciudadanos creemos en ello. Y pedimos como el poeta vasco Blas de Otero, la paz y la palabra.

Permitidme traer a este discurso, que es sobre todo vuestro, dos casos personales, por cuanto creo que son oportunos.

Pertenezco a una de las familias más azotadas por la violencia de 1936. Los cinco hermanos de mi abuelo y el hijo de nueve meses de uno de ellos fueron asesinados aquel año. Pero la pobreza, el olvido oficial y el llanto en silencio durante más de 40 años no consiguieron que yo recibiera de mis padres y abuelos una gota de rencor o de sed de venganza. Todo lo contrario. He heredado el compromiso contra la DESMEMORIA y por una paz basada en la convivencia y el respeto entre diferentes.

Mi pueblo, Lodosa, es también uno de los municipios que más víctimas tuvo que contar aquellos años. Y sin embargo, todos los miembros de la corporación municipal fuimos capaces de acordar por unanimidad y por encima de nuestras diferencias políticas la condena de todas las violencias y la solidaridad con todas las víctimas. Un acuerdo del que quisiera citar aquí uno de sus párrafos:

“Tenemos el deber y la obligación ética –señala- de hacer una declaración pública que, aunque tardía, permita saldar esta deuda histórica y contribuya a conseguir una convivencia más justa y respetuosa de todas las ideas, y una democracia más profunda, basada en el derecho a la vida y a la libertad. Una declaración que contribuya a la educación en valores para las generaciones futuras, así como a erradicar la cultura del ejercicio de la violencia política”.

Y, por fin, después de tantos años oscuros, vivimos un momento en el que la paz se abre camino en nuestra sociedad. Es un momento esperanzador que no podemos dejar de aprovechar. A todos nos compete trabajar por ello.

No es fácil. Hay muchas heridas muy profundas aún abiertas. Y la paz que queremos construir no puede ser completa si no saldamos cuentas con el pasado, si no nos enfrentamos a él, al pasado cercano y al más lejano, y si no reconocemos TODAS las injusticias perpetradas, y trasladamos a quienes las sufrieron la solidaridad de toda la sociedad.

Porque todavía hay muchas personas con las que convivimos… o con las que ya no convivimos… que no han escuchado lo que tienen derecho a oír, y por las que aún no se ha hecho todo lo que hay que hacer.

Y necesitamos a todos y a todas para alcanzar una paz justa y para poder mirar los días venideros con esperanza y afrontarlos sin estas losas que dañan nuestra dignidad, la de todos.

La tarea que ya estamos acometiendo es una tarea social y colectiva, pero requiere de forma especial del esfuerzo de las instituciones. Y en lo que nos toca, quiero dejar clara nuestra disposición a aportar nuestra colaboración en cuantas acciones nos acerquen a todos a ese futuro en paz.

Y termino ya estas palabras, pero no sin antes reiterar mi reconocimiento y mi solidaridad a TODAS las víctimas que hoy están aquí representadas, y mi compromiso con una sociedad navarra que pueda vivir por fin en paz con su pasado, porque todas las víctimas, de un tiempo más lejano o más cercano, hayan recibido ya la reparación que merecen.

Un compromiso con una sociedad en la que la dignidad y los derechos del ser humano orienten nuestro futuro.

Que no tengan que venir en el futuro otras generaciones reclamando la memoria porque las instituciones de hoy no hemos sido capaces de reconocerla.

Muchas gracias. Eskerrik Asko.

Vídeo institucional del acto de reconocimiento

Cumplir y soñar con Lodosa

No os descubro nada si os digo que las nuevas tecnologías nos ayudan a ordenar nuestra vida, la pública y la privada.

Quienes me conocen bien saben que en mi aplicación para el móvil llevo descargados tres documentos. Dos los llevo desde hace tiempo: el calendario del Club Ciclista para la temporada y el programa electoral con el que LOIU se presentó a las últimas elecciones. El tercer documento lo he sumado recientemente, el PIL (La Ley del Plan de Inversiones Locales que regirá desde 2017 hasta 2019).

Estos tres documentos son actualmente de gran relevancia para mí, y debido a la frecuencia con la que los consulto, me gusta siempre “tenerlos a mano”. Sobre el primer documento, el calendario del club ciclista, no voy a entrar, ya que obedece a mis aficiones en el ámbito privado, pero no podía dejar de enumerarlo porque ciertamente esta ahí,“siempre a mano”. Me permite ordenar mi cabeza y mi cuerpo de manera compartida para estar más fresco para cumplir con mis obligaciones. Si uno está bien, está en mejores condiciones de servir a los demás.

El segundo documento que me acompaña con el móvil es el programa electoral de LOIU para el periodo 2015-2019. Al igual que hice con el programa electoral de LOIU 2011-2015 durante la anterior legislatura, suelo mirarlo muy a menudo. Me sirve para recordar mis compromisos cuando me entran dudas, para presionarme a mí mismo con algunas de las cuestiones pendientes. Y, por supuesto, para marcarme objetivos: “en los próximos meses voy a trabajar sobre esto o lo otro”, o también para ilusionarme con los que hemos realizado: “esto ya esta hecho” me digo. En él, voy viendo temas de lo más diversos, algunos casi “históricos” como el polígono de Cabizgordo, el enlace de la autopista, nuevas parcelas de regadío, la mejora de las piscinas, la promoción de la marca Lodosa, el enlace con el polígono El Ramal, las redes de la Cava, la mejora del centro de salud… Un buen número de cuestiones, la mayoría pendientes de años atrás pero que conviene no perderlos de vista, porque son muy importantes para nuestro pueblo, y necesariamente se han de acometer en más de una legislatura.

El tercer documento, añadido recientemente, es la ley del PIL. Para el común de la ciudadanía esta ley, como otras muchas, pasan desapercibidas, pero para los que estamos gestionando ayuntamientos, es una ley de vital importancia. En ella se contemplan las dotaciones presupuestarias que el Gobierno de Navarra va a destinar a las entidades locales; en este caso 100 millones de euros para los próximos tres años (2017, 2018, 2019), y los requisitos que deben cumplir las solicitudes para las inversiones que se quieran realizar. Desde que soy alcalde de Lodosa, junio de 2011, es la primera vez que desde nuestro Ayuntamiento vamos a poder trabajar en proyectos que pueden llegar a ser financiados a través de este plan de inversiones. Desde luego, tras una legislatura muy complicada desde el punto de vista financiero, esta “novedad” para mí es de gran importancia, sobre todo porque algunos de los proyectos enumerados anteriormente y que citaba del programa electoral de LOIU, tienen muchísimas más oportunidades de convertirse en realidad gracias a la aprobación de esta ley. Y también, no vamos a ocultarlo, porque nuestra Presidencia en la Federación Navarra de Municipios y en la Mancomunidad de Montejurra nos ha permitido estar cerca del diseño y la negociación de esta Ley del PIL. Quedaos con el nombre, que es importante.

Con estos tres documentos “muy a mano”: con los compromisos del Programa, con los “retos” estimulantes que nos permiten soñar con la Lodosa del futuro, y con un “espíritu” tranquilo (al que el deporte me ayuda), que pretende integrar las diferentes formas de querer a Lodosa, nos encaminamos a afrontar los próximos años de gobierno municipal… años especialmente relevantes y ante los que me encuentro, porque no decirlo, especialmente ilusionado. Como me gusta definirlo  “razonablemente optimista”.

Antes de terminar no quiero dejar de mencionar una parte, quizás la mas importante, de la acción municipal que venimos realizando y que es la que queremos; una forma incluyente de hacer política municipal desde la izquierda y el progresismo, sin ataques innecesarios al resto de grupos políticos, que solo generan crispación, y como siempre ofreciendo la “mano tendida”. Esto forma parte de la identidad de LOIU, va en nuestro ADN, y no sabemos ni queremos hacerlo de otra manera.

Hoy toca excursión

Hoy me he venido con un nutrido grupo de jubilados de Lodosa de excursión a tierras burgalesas y alavesas, en concreto hemos visitado Frías y Salinas de Añana.

Visita rojilla

Soy osasunista, esto es así y bien lo saben los que me conocen…

Recuerdo perfectamente los años vividos en la segunda participación de Osasuna en la UEFA , mi primer partido en el Sadar (contra el Logroñés), el 0-4 del Bernabéu (escuchándolo por radio), posteriormente el descenso, el ascenso de nuevo, la final de la Copa (que la viví en el propio Calderón), la semifinal de UEFA y como no, el último descenso…

a6695a5fba0acba2c2bb180734058558Todos estos momentos los viví con intensidad, como osasunista que se precie, pero recuerdo con especial cariño los vividos cuando todavía era un niño, cuando probablemente para mí, que Osasuna consiguiese sus objetivos era algo prioritario… Luego la vida te enseña a relativizar las cosas y tus propias vivencias personales anteponen ante ti otro tipo de prioridades.

Hoy en Lodosa, y gracias a la participación del Colegio La Milagrosa en el Aula Rojilla de la Fundación Osasuna, hemos recibido a una serie de representantes osasunistas, entre ellos los jugadores Oier, Sisi y Merino, me invitaron a participar en el acto y allí que he estado…

Ver a los niños y niñas recibir, escuchar, preguntar a los jugadores de Osasuna, me ha hecho aflorar el sentimiento Osasunista, un poco maltratado en los últimos tiempos y al que le ha venido bien el acto de hoy.

Y qué decir de compartir mesa y sobremesa distendida con los jugadores, patrocinadores, fundación y directivos, todo un buen rato…

Lo dicho, enhorabuena a todos los participantes de la Milagrosa en el Aula Rojilla (alumnado, profesorado, padres y madres), y gracias a la Fundación por hacerme participe de una bonita jornada.

Aupa osasuna!!!!

Balance más que positivo de estos #finesdesemana en torno al #deporte en #Lodosa

Hemos pasado dos fines de semana a tope con los actos deportivos, da gusto ver como Lodosa se vuelca en los actos, un ejemplo de participación y colaboración. Enhorabuena a los que han hecho posible que todo salga bien. Haciendo pueblo, y ya sabéis:

“Para vivir con alegría, haz deporte cada día”.

Ese río Ebro

La Peña y el Ebro acotan Lodosa al norte y al sur. Esto, además de ser una singularidad que marca la diferencia respecto a la mayoría de pueblos riberos, entiendo que a lo largo de los años ha marcado nuestra forma de vida.

Es posible que, al estar acostumbrados a tenerlo ahí, no prestamos mucha atención a nuestro río. De hecho en Lodosa no decimos “río” (al go más propio de los forasteros); decimos “Ebro”. Incluso en el habla popular de nuestros padres y abuelos se dice “al Ebro, del Ebro”; o la expresión del agricultor acostumbrado a la fuerza de sus aguas cuando se describe a un tragón: “Come más que la orilla (del) Ebro”.

No encontraremos en Navarra un “Ebro” tan bonito como el de Lodosa, y tan integrado con sus habitantes. Como esparcimiento lúdico en su espacio urbano para paseos y prácticas deportivas. Y, por supuesto, como padre de su Regadío, que es la fuente histórica de riqueza y trabajo de Lodosa. Puede que suene a bilbainada, pero es verdad.

No es fácil encontrar parques tan característicos como el Medianil o el Ferial, o un remanso de agua como la zona del puente de la Harinera; o en la otra orilla, una zona como las Balsillas. Son espacios naturales que sorprenden gratamente a quien nos visita, y que sabemos disfrutar los que vivimos aquí.

El Ebro en Lodosa es majestuoso, poderoso y hasta navegable como campo de regatas.

Además de su belleza, qué decir de todo lo demás que el Ebro ha dado a Lodosa y a sus gentes a lo largo de la historia. No me voy a poner a repasar obviedades, pero es evidente que gracias a nuestra cercanía al Ebro disfrutamos de nuestros regadíos y de una facilidad de acceso al agua que es la envidia de otros.

Y tanto bueno, no puede estar exento de algún disgusto. Las riadas, o las “crecidas” como nosotros las llamamos, no son ajenas a nosotros. Estamos acostumbrados casi cada año por estas fechas a ver cómo parte del Ferial es ocupado por el cauce. Es típico que muchos de nosotros nos acerquemos hasta el río para ver la “crecida”, entendiéndose como un bonito espectáculo que merece unas fotografías para el recuerdo.

IMG_0351
Imagen de la riada a su paso por Lodosa desde el aire.

Esta vez llevamos un mes poco habitual, en el que el Ebro está acaparando casi toda nuestra atención. Estos días lo vemos como un coloso amenazante capaz de arrastrar lo que se ponga por delante: Las familias que viven en los barrios cercanos al cauce, las empresas del Polígono de El Ramal, o los agricultores de Gobella, llevan 30 días de continua alarma y preocupación por la evolución del caudal.

La primera riada del 1 de febrero y los otros cuatro repuntes han sido avenidas por encima de lo acostumbrado; y esta vez el Ebro y su cauce han decidido quitarnos un poquito de lo mucho que nos dan. Los daños y las molestias ocasionadas son cuantiosas, pero confiamos en que una vez pasada esta situación, todo volverá “a su cauce”, y el propio río irá devolviéndonos a la normalidad.

Respeto a nuestro río

Sin duda, las riadas han hecho florecer una serie de problemas sobre cómo tratamos los ríos y cuáles son las causas de no poder controlar o prever los problemas que cada cierto tiempo nos produce. Esto es un tema que tendrán que ir solucionando las administraciones competentes para ello.

Sin embargo, hay una parte que nos compete a todos, sobre todo a los que más cerca estamos de él. Seguro que ya os habéis dado un paseo por la orilla estas semanas, y si no, os animo a que lo hagáis este fin de semana para que saquéis vuestras propias conclusiones: Es fácil reconocer hasta dónde llegó el nivel del caudal.

Fijaos la cantidad inmensa de residuos que se han ido depositando; residuos de todo tipo que el Ebro nos devuelve enfadado, y que nos deben hacer recapacitar sobre el tratamiento que le damos. Es curioso que nos acordemos del Ebro cuando nos llama la atención con sus “crecidas”, pero deberíamos preocuparnos más por él el resto del tiempo, aunque sólo sea por reconocerle el mérito de todo lo bueno que nos ofrece.

Por cierto, sobre La Peña también habría mucho que reflexionar. Me apunto el tema para otra entrada de Poliki.

¡¡Cómo me gustan los domingos!!

Me da la sensación de que esta afirmación es un síntoma inequívoco de que ya no soy tan joven. No hace tanto tiempo (y aún me pasa de vez en cuando), esos  domingos eran sinónimo de una especie de “depresión post-juerga”, que normalmente iba acompañada de la típica resaca que dejan las salidas nocturnas.

Eran domingos en los que despertabas al mediodía por la imperiosa necesidad de llenar ese gran agujero en el que se había convertido tu estómago. Esos domingos en los que, ya a la tarde, comentabas con tus amigos los detalles más graciosos de la noche anterior; que si “te acuerdas de cuando esto”, que si “fíjate lo que hizo éste”, que “qué risa cuando lo otro”... Tardes de domingo que eran la antesala evidente de la llegada de ese oscuro túnel en el que se convertía la entrada en la nueva semana. ¡¡Bufff!! Quedaba un mundo para un nuevo finde.

En aquella época (ya he dicho que no hace tanto), era impensable para mí perdonar la salida de un solo sábado. Recuerdo perfectamente cuando veía a mis hermanos mayores quedarse en casa sin problema. Entonces no lo podía entender; “tampoco son tan mayores”, pensaba yo.

Ahora que han pasado unos años y ya tengo la edad de mis hermanos entonces, me he parado a pensar y he comprendido por qué conseguían quedarse en casa. Está claro: ¡les gustaban los domingos! Lo he descubierto ahora que a mí me pasa lo mismo. No tengo duda: a mí también me gustan los domingos.

Los domingos en los que para las ocho y media estoy en pie, me dirijo directamente hacia la ventana y miro. “Bien, no llueve, se puede salir con la bici”. Me tomo un buen desayuno, café bien cargado y varias piezas de fruta. “Parece que hace frío”; hay que coger la ropa adecuada. Importante: cabeza, manos y pies tienen que estar calientes; camiseta térmica,  maillot de invierno y culote largo. La ropa de ciclismo de ahora no tiene nada que ver con la que utilizábamos de cadete y juvenil (es que han pasado 18 años). ¡Las nuevas telas sintéticas son la bomba!

Una vez equipado, cojo algo de comida. Pienso: “La etapa de hoy no es muy larga, 85 km, pero tiene sus repechos así que mejor llevar avituallamiento por lo que pueda pasar”. Un plátano, dos barritas y un gel (esto último por si se me enciende la reserva). Son las nueve y veinticinco cuando salgo por la puerta de casa; me dirijo al lugar de la salida oficial del Club Ciclista de Lodosa. Estoy muy cerca, así que rápidamente veo que estamos un buen grupo: 19 ciclistas dispuestos a pasar juntos una buena mañana de domingo. Salimos a la nueve y media con total puntualidad: Lodosa, Mendavia, Lazagurría, Los Arcos, Urbiola, Arróniz, Allo, Lerín, Cárcar y otra vez Lodosa.

¡¡Qué a gusto se queda uno!! Y ya no os cuento cómo me sienta el pimiento relleno y la caña con limón que me tomo después en el bar Lodosa, mientras echamos una hablada de los detalles de la mañana. Ya de vuelta en casa, una buena ducha (las piernas siempre con agua bien fría para que descansen). Salgo de la ducha y… ¡ya tengo plan para la tarde del domingo! Mi hija y mi pareja me reclaman con razón. Eso sí, primero toda la familia echaremos una reconfortante siesta.

Siempre me han gustado los sábados, y así seguirá siendo. Pero misteriosamente puedo decir: ¡Cómo me gustan los domingos!

Igual tiene que ver con la edad. ¿O qué?

Volvernos a juntar…

La vida nos va llevando por caminos separados, algunas veces hasta nos lleva por caminos encontrados, por eso es interesante hacer una parada de vez en cuando y volvernos a juntar. Sin duda merece la pena, así nos damos cuenta que, al fin y al cabo, tampoco estamos tan lejos,

¿No os parece?

Estos días seguro que tenemos la oportunidad de hacer una de esas paradas.

Zorionak y felices días.

homenaje

El sábado se rindió un homenaje en Lodosa a Manolo “El Gitano”, hombre entrañable, querido y reconocido por su prodigiosa voz, la cual se puede oír en cualquier evento o celebración de nuestro pueblo.

No es necesario entrar a explicar lo merecido del homenaje, ni a reconocer cómo se volcó Lodosa en la preparación del mismo.

Me he puesto a escribir sobre este asunto porque desde que el sábado a la tarde estuvimos en el auditorio de la Casa de Cultura, tengo grabada en mi retina una imagen del acto. Puedo asegurar casi con total seguridad que no olvidaré esa imagen.

Sucedió cuando Manolo subió al escenario para recibir un caluroso aplauso, momentos antes de hacerle entrega de una placa. En mi condición de alcalde, tuve la suerte de ser la persona encargada de hacerle entrega de ese pequeño recuerdo. Me acerqué, nos dimos la mano, le eché mi brazo por encima de su hombro, y me dispuse a decirle unas palabras. Es ahí donde tuvo lugar el momento por el que ahora estoy escribiendo esto.

Nos miramos, y vi a un hombre de 88 años, que, seguramente, en las dos horas transcurridas del acto había repasado interiormente toda su vida. Vi a un hombre nervioso, muy emocionado y que rebosaba agradecimiento. Pero también transmitía un poco de sorpresa. Yo creo que en ese momento seguía preguntándose, (como lo había hecho durante los días anteriores), ¿y por qué a mí? Si yo solo he hecho lo que a mí me gusta…”.

En resumen: lo que vi fue a un abuelo entrañable, que bien podía haber sido mi abuelo, porque también me recordó a él. Y en ese momento me di cuenta de que no estaría de más que todos hiciésemos un homenaje a nuestros abuelos y abuelas. Porque saber vivir la vida y hacerlo con plenitud  y dignidad bien vale un buen homenaje.

Las personas mayores, desgraciadamente, se acostumbran a que no se les haga todo el caso que merecen, y aprenden a vivir su soledad aunque estén rodeados de familiares. Por eso, no hay un ser humano más agradecido que un abuelo o una abuela cuando se le presta un tiempo de atención, por pequeño que sea. Y más si se trata de un homenaje popular.

Normalmente somos conscientes de estas cosas cuando ya es demasiado tarde. Yo ya no tengo abuelos, pero cosas como las del sábado me hacen recordarlos.

Si todavía estáis a tiempo, hacedles un pequeño homenaje a vuestras personas mayores de vez en cuando, y recibiréis la sonrisa más tierna que podáis imaginar.

Por cierto, después de mirarnos, le pregunté a Manolo: “¿Qué tal estás, Manolo?”. Y él me contestó: “Jodido pero contento”.

En fin… Todo un artista.

poliki, poliki

Poliki, poliki”… una expresión que todos reconocemos, y que muchos hemos utilizado alguna vez cuando queremos poner un poco de calma y reflexión a cosas que consideramos importantes. Un amigo mío la utilizaba hace poco en una conversación y se me debió de quedar grabada en mi subconsciente, cada día más acostumbrado a compartir muchos temas distintos en él. Debió de ser así, porque por la noche, en una de estas veces que te despiertas -a mí me suele ocurrir sobre las cinco de la mañana- “Poliki Poliki” seguía rondando en mi cabeza.

Es en esos desvelos de la noche cuando parece que tu cabeza está más lúcida y oportuna que en cualquier otro momento del día. Me ha pasado despertarme pensando en algo concreto y levantarme de la cama con el único propósito de escribir todas las ideas y reflexiones que en ese momento estoy haciendo. Y en verdad que suelen ser acertadas.

Bueno, pues como decía, hace unos días me desvelé con la expresión “poliki, poliki” en mi cabeza. En nuestra vida tenemos diferentes papeles que jugar: compañero, padre, hijo, amigo, trabajador, uno mismo… En mi caso además, alcalde de mi pueblo  — con todo lo que eso conlleva…​ Y en ese momento me di cuenta de lo oportuna que es poliki poliki como expresión, y lo positivo de su aplicación en todos los ámbitos de nuestra vida diaria.

Poliki Poliki – poco a poco, despacio, con calma- es una actitud que nos permite diferenciar en el día a día lo urgente de lo verdaderamente importante. Así es como entiendo que debemos tomarnos la vida, poco a poco, con tranquilidad, con sosiego y con el espacio y tiempo suficiente para la reflexión.

No es fácil llegar a esta conclusión, y menos en un mundo que te exige inmediatez y respuesta rápida a un sinfín de contratiempos. Nos pasa en el ámbito laboral pero,  cada vez en mayor medida, también se nos exige esta rapidez en nuestro ámbito personal, en nuestras relaciones más cercanas, con todo lo negativo que esto conlleva.

Yo he tomado una decisión, y fue bien meditada en uno de esos desvelos de las cinco de la mañana. Me voy a tomar la vida con tranquilidad. Voy a darle tiempo a mis reflexiones, y así intentaré tomar las mejores decisiones posibles. Entiendo que es bueno para mí y para los que me rodean.

Así que en “Poliki poliki” voy a compartir mis reflexiones con vosotras y vosotros; y, si os apetece, dialogaremos poliki poliki de tú  a tú  ayudados de este blog. La vida me ha ido mejor cuando me he tomado las cosas importantes poliki poliki. Te lo recomiendo.